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domingo, 8 de mayo de 2016

Benny Moré canta Maracaibo Oriental










Lo he escuchado tantas veces...   Lo he escuchado incluso  en aquellos tiempos en que lo odiaba, porque yo quería oír a Los Beatles y estaban prohibidos.

Prueben a intentarlo una vez más, como si no lo conocieran.   Imaginen que es la primera vez que oyen al Benny y esta canción.

Gira el long-play y la música entra en oleadas bruscas, invitadoras, listas a ser encabezadas por la tompeta.   Suena a carnaval lejano.   Suena a cerveza en Los Paraguas del Capitolio, a un grafiti de tiza en una pared de Neptuno y San Rafael que escribe "El Chori".   A noche esperando la brisa del malecón en un balcón ruinoso de la Habana Vieja...

Él grita de repente solo para hacer una pausa.   Cuando regresa, su voz se agita igual que una banderola -suavísima, nasal, áurea- pronunciando frases que no tienen mucho sentido, repitiéndolas casi como un mantra, tratando de hechizarnos con esa palabrería de mulato lindo que se las sabe todas.   Detrás, el coro le da la razón.   Ahora la trompeta se ríe de nosotros, nos hala al centro de la noche ideal en donde el Benny maneja la garganta con artes de encantador de serpientes.   Ya no queda otra que entregarse a ojos cerrados.   Y la voz se va, se pierde, se muere...

Es una pieza perfecta de punta a cabo, desde los compases iniciales hasta el trompeteo final.   Pero para catarla hasta el fondo, para percibir en su totalidad los miliún estratos del universo que convoca, para degustarla como lo que es -un tósigo suculento- hay que haber nacido en cierta isla.


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