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lunes, 25 de abril de 2016




La magia liberadora de Chely Lima

Marilyn Bobes

    Una de las grandes sorpresas de la XXV Feria Internacional del Libro de La Habana  fue la publicación por la editorial villaclareña Capiro de la novela Triángulos mágicos de Chely Lima, importante autor de la diáspora cubana y uno de los escritores más importantes de la generación de los ochenta en la Isla.

    Con esta obra, Chely sigue demostrando su capacidad de riesgo con temas que pocos autores se atreven a tratar aun cuando vayan desapareciendo en el mundo contemporáneo los prejuicios relacionados con la diversidad sexual y las disímiles variantes de acoplamiento entre hombres y mujeres que ya no se restringen a la pareja heterosexual tradicional.

    Escrita entre La Habana y Quito en el lapsus de 1991 a 1992, Triángulos mágicos se inscribe en esa avanzada de la literatura cubana que dio como resultado un “destape” protagonizado en la Isla por los llamados novísimos y al que se sumaron autores de la promoción anterior.

     Pero una novela como esta demuestra que Chely fue uno de los primeros en reclamar una nueva actitud hacia el sexo no convencional.

      Homosexuales, mujeres que entonces se consideraban promiscuas y el osado triángulo entre dos hombres y una mujer no exento de contradicciones, aparecen retratados en la novela de una manera muy natural, sin teorizaciones aleccionadoras pero con conflictos generacionales que el autor resuelve en una rebelión devenida felicidad.

    Con recurrencia al texto Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Chely Lima construye sus personajes con excelente eficacia, exaltando los valores de la amistad por encima de los lazos sanguíneos y mostrándonos un universo en el que la independencia y una nueva moral se imponen por sobre los aburridos e hipócritas destinos trazados.

      La vida en comuna, tan cara a la contracultura de los sesenta, se evidencia en el texto como verdadera realización mientras la maternidad ejercida desde lo masculino es defendida desde posiciones de vanguardia que conectan al texto con debates que recién en este milenio han comenzado a desarrollarse en sociedades diversas de todo el planeta. En este sentido Triángulos mágicos posee una absoluta universalidad.

    Los recursos estilísticos de la obra se atienen al minimalismo y la economía de medios, mostrándonos una prosa limpia, precisa, sin amaneramientos, que permite al lector penetrar en el argumento sin dificultades y aceptar los peliagudos problemas propuestos con absoluta legitimidad.

     No falta en la obra una alta dosis de humor, lo que la convierte en un texto lleno de amenidad. Pero en esta aparente ligereza hay un dramatismo que opone a los deseos con el deber ser de una sociedad que no parece preparada para aceptar la libertad de los individuos si estos no se someten a las normas estrechamente prefijadas para un mayor control que se expande a todas las áreas de la conducta, incluida la sexualidad.

     Las vacilaciones de la protagonista en la aceptación del triángulo son el testimonio de esas luchas internas entre lo que se quiere y lo “políticamente correcto”, y después de experiencias fallidas por aceptar lo que parece “normal” el final feliz se transforma en un llamado implícito a la libre elección.

     No conozco en la literatura cubana, ni en la que se escribe en la Isla como tampoco fuera de ella, un texto que profundice mejor en las diversidades.

     Los que conocimos a Chely mientras vivió en Cuba ya sabíamos de su vocación por lo inexplorado. El fue un precursor en géneros que, aunque relacionados con la literatura, apenas tenían presencia en nuestro panorama cultural.

    Es el caso de series televisivas como Hoy es siempre todavía o en la tan recordada ópera rock Violente que proporcionaron a los jóvenes de entonces una actualización sin precedentes con respecto al mundo exterior.

     Ahora Triángulos Mágicos reafirma al autor en esa élite de vanguardia que afortunadamente se abre paso en Cuba, una Isla que por factores que no enumeraré recibe con cierto retraso los debates sociales y culturales del mundo exterior.

       Por otra parte, esta intención de seguir el recorrido de escritores que comenzaron a publicar en la Isla y que han continuado su carrera fuera de ella, es algo que hay que aplaudir.

    En este sentido las ediciones territoriales parecen estar marcando pautas. Y este es un camino que deberían seguir otros sellos de más amplia distribución.

    Invito pues a los lectores a disfrutar de Triángulos Mágicos y a esperar por una nueva novela de Chely Lima que, según anunció el autor, está en proceso de negociación con una editorial que no reveló dentro de la Isla.


   Gracias pues a Capiro por este regalo estremecedor. 

     
(Esta nota salió publicada en abril del 2016 en la revista online Cubaliteraria y saldrá próximamente en la revista cubana -de papel- La Letra del Escriba).