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domingo, 1 de febrero de 2015

Poesía




Daniela Velázquez








Recuento

Arriba todo estaba lleno de máscaras. La luz
venía a pegarles y rebotaba luego en las amplias
sonrisas pintadas. Sonrisas de yeso. Abajo,
en la oscuridad, sepultado, yo esperaba
por mí mismo, pero no esperaba en silencio.
Canté desde la memoria neblinosa de la infancia.
Me aparecía en los espejos repitiendo:
Soy así, yo soy, yo soy. Con una mano firme
aferraba la piedra y pegaba con ella en los conductos
de metal del alba. Y el sonido llegaba en sordina;
arriba las máscaras entonaban un himno a la normalidad,
sus voces estridentes como manchones color de rosa.
Las aristas de la piedra se hacían uno con mi carne,
con la sangre impalpable: Soy así, yo soy, yo soy.
Los golpes retumbaban y las máscaras los confundían
con truenos lejanos. Entonces la puerta, entonces
la cerradura, entonces la llave que gira
y el golpe que hace retroceder el carnaval ridículo
de lo que se puede y lo que no se puede decir.
Despacio salí a la luz. Yo soy, yo soy.
Ya no más sombra en los espejos. Y la piedra injertada

en la palma de mi zurda para siempre.



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