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domingo, 14 de diciembre de 2014

Triángulos mágicos: Un comentario de Rafael R. Costa







SOBRE TRIÁNGULOS MÁGICOS

A través de una frescura poco común en un personaje de novela, y haciendo uso de un lenguaje tan directo como personalizado en el lector, yo diría que desde el propio arranque de la narración, casi desde la primera línea, su protagonista, Margo, con un estilo sin fisuras, y llena de sano desparpajo, sienta en la butaca de este teatro al lector-espectador, no solo para que escuche mientras va pasando páginas, sino, en muchos aspectos, para que vea y huela los escenarios, y así se halle también sumergido en esta burbuja amorosa siempre a punto de estallar, realista por la transparencia, habanera por su colorido, y universal por las emociones que se narran en esta espléndida novela de Chely Lima.

No resulta baladí que nuestra protagonista, entre sus escasas mas valiosas pertenencias incluya dos tomos de Los tres mosqueteros cual dos losas que conforman las paredes del escenario sobre las que se va a desarrollar la trama, pues es en las almas de los espadachines de Dumas donde se reencarnan al menos cuatro de los personajes fundamentales de la novela, tantos como en la obra del escritor francés: la propia Margo como nuestra D'Artagnan y las tres compañeras con quienes comparte habitación, cocina, susurros y francachelas dentro de una realidad cubana que bien les da un postre de arroz con leche bien las obliga a nadar desde el amanecer contramarea.

Ya en el comienzo se advierte un conflicto sexual latente, que parte desde el mismo momento en que la protagonista pierde la virginidad en la cocina de su casa ayudada por el mango de un almirez. Conflicto que se irá desarrollando y balanceándose como un péndulo dentro de un reloj, adquiriendo desde las maneras del vodevil o el burlesque hasta la desesperación más shakespeariana en domésticos melodramas.

Como anuncia su título, un buen pedazo de la historia se sustenta en un triángulo sin duda pintoresco: dos varones y una mujer, lógicamente nuestra protagonista. Dos hombres que además son pareja homosexual y que por albur tienen un recién nacido bautizado como Amadeus Mozart. De nuevo nuestra Margo encuentra tres mosqueteros, si apuntamos al pequeño Mozart, que darán lugar a todas las aventuras y desventuras posibles que puedan desarrollarse dentro de dos habitaciones aledañas. Aunque hay escenas de sexo explícito están narradas con elegancia y nunca sucede una palabra malsonante, un adjetivo grosero, un verbo vulgar. Desde luego la técnica vehicular para desplegar la historia se basa en el diálogo, ensamblado en capítulos cortos que mezclan los dos escenarios principales como las cartas de una baraja y casi en representaciones teatrales que se suceden. Chely Lima lo utiliza de manera natural, no faltan los cubanismos, tampoco algunos anglicanismos, seguramente propios de la sociedad que se muestra en la historia; con una fluidez que hace que la lectura se transforme en algo líquido. Una vez leída la novela todavía queda el eco de las voces de sus personajes, de la melancólica realidad de malecón y de la realidad de tierra dentro, por carreteras que recorre Margo en su vieja furgoneta, con tal manejo y desparpajo que parece que vayamos a su lado, oyendo a las pasajeras charlatanas o recogiendo a Paulibus un atardecer lluvioso.







Rafael R. Costa es un escritor y poeta nacido en Huelva capital. Dos de sus libros han merecido el Premio Ciudad de Irún de Novela y el Premio Onuba de Novela, y una de sus novelas más leídas -El Cráneo de Balboa- fue finalista en la cuarta edición del Premio Irreverentes.

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