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lunes, 14 de julio de 2014

Poesía




            Toulouse Lautrec




Mi corazón es un gato y yo le doy de comer
todas mis presas, lo acaricio con la punta de los dedos,
le susurro su nombre secreto, lo dejo vivir en paz
las muchas supervivencias que le restan,
y él ronronea amablemente, echado en el regazo
de mi último amante, a la espera del sol
y las sardinas del viento de otoño.

Mi corazón es un gato que esconde las garras
mientras me lame la boca con su lengua de seda
y papel de lija, olorosa a magnolias estrujadas.
Por las madrugadas yo finjo que no escucho su maullido
de animal en celo perenne, y él se restriega una y otra vez
contra una efigie de Bast, pidiendo leche.

En otra vida
fui una bruja que maldijo a su inquisidor,
y ahora mi corazón es un gato negro.


Poesía




                          Edward Burne-Jones





Elogio de tu gemido


Semejante a lo que convocan
los tambores batá cuando anuncian la entrada
de un orisha en el ruedo sagrado;
algo así debió ser el plañido de la flauta
del Dios Pan o el soplo letal de la séptima trompeta
del Apocalipsis.  Lo único cierto es que en esta danza tribal
en la que muevo mis caderas con violencia y tú gimes,
y vuelves a gemir si me detengo,
la música que mana de tu boca mojada
con agua de mi boca me lleva al punto
de donde no hay regreso y en donde no hay cordura.
Bendita sea la madre que te dio esa voz, baby-boy,
y tu lengua que canta, que consagra, que impone
un ritmo a nuestros cuerpos, un sonido incendiario

a esta pasajera pérdida de identidad y de memoria.



viernes, 11 de julio de 2014

Memorias del Tiempo Circular, Cuatro Novelas Breves






´Memorias del tiempo circular´, de Chely Lima: "algo así como la patadita de un ángel" (Primera Parte), en El Jardín de Academos, Cuaderno de Crítica y Poesía, de Yoandy Cabrera.




                                                   Foto: Leonor Álvarez-Maza




Poesía




Todd Yeager






En este sueño él ha limpiado el caos,
puso en su lugar todas las cosas menudas
que esparcí sin querer, ha llenado mi despensa;
colocó pequeñas porciones de destino listas
a ser consumidas limpiamente. Ha preparado
la mudanza que ya llega como una ola de orilla,
de esas que te tocan con dedos tímidos,
dedos de niño ambiguo y asustado.

Soy un hombre en el cuerpo de una mujer,
un hombre triste y un poco impaciente
que ahora recibe un sueño que es la ofrenda
de su amante muerto, y se detiene
en el centro del dormitorio silencioso,
sin saber qué palabras dirigirle, cómo agradecer
el gesto de alguien tan cercano y tan distante.

Una antigua calma se descuelga sobre mis hombros
semejante al plumaje de un pájaro, igual
que un trino de la criatura alada
antes de volver a extraviarse en lo umbrío.