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domingo, 26 de enero de 2014

Poesía




Glenn Ibbitson





Ahí

No hay más voz que la voz
del soplo del alba,
ni más color que blanco sobre blanco.

Desde afuera, los hombres miran
con miedo, me enseñan los colmillos como perros.
Las mujeres sonríen blandamente
porque saben,
porque ellas siempre saben.

Abajo, un paisaje límbico, un nido secular
hecho con los retazos del vestido
que usó mi madre en su segunda boda.

Una gota de acíbar
y otra gota de miel de la tierra.

Allá arriba, uno a uno,

empiezan a encenderse los planetas. 





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