Translate

lunes, 29 de diciembre de 2014

Poesía




Dustin Papow




Tale of Resurrection

Yo antes maldecía mi cuerpo, lo apartaba a empujones del espejo, lo reducía a esa bestia que nos lleva a lomos, en silencio, por el camino en pendiente que es la vida.

Así nos encontró la muerte, y estábamos solos él y yo frente al bramido inaudible de la nada. Él y yo hombro contra hombro, aterrados, y ahí delante un remolino de sangre, el ojo de huracán de la desmemoria.

Caí de rodillas y mi cuerpo me sostuvo, se ciñó alrededor de lo que soy con los dientes apretados, como si yo fuera su mayor tesoro, como si yo no lo hubiera negado más de tres veces. Mi cuerpo abrazado a mí. Mi cuerpo, lúcido e inconquistable.

Era todo cuanto tenía, mi único escudo, mi muro de contención frente al dragón enloquecido del no-ser. Mi cuerpo mío. Mi bienhechor. Mi cuerpo, el ignorado.

Entonces retiraron un tubo de mi boca y el corazón volvió a latir en las pantallas, y una voz comentó: —Ya el paciente respira. Y yo tomé la mano de mi cuerpo por primera vez, un poco hansel and gretel, para avanzar juntos, sin agravios, por el bosque nocturno.



domingo, 14 de diciembre de 2014

Triángulos mágicos: Un comentario de Rafael R. Costa







SOBRE TRIÁNGULOS MÁGICOS

A través de una frescura poco común en un personaje de novela, y haciendo uso de un lenguaje tan directo como personalizado en el lector, yo diría que desde el propio arranque de la narración, casi desde la primera línea, su protagonista, Margo, con un estilo sin fisuras, y llena de sano desparpajo, sienta en la butaca de este teatro al lector-espectador, no solo para que escuche mientras va pasando páginas, sino, en muchos aspectos, para que vea y huela los escenarios, y así se halle también sumergido en esta burbuja amorosa siempre a punto de estallar, realista por la transparencia, habanera por su colorido, y universal por las emociones que se narran en esta espléndida novela de Chely Lima.

No resulta baladí que nuestra protagonista, entre sus escasas mas valiosas pertenencias incluya dos tomos de Los tres mosqueteros cual dos losas que conforman las paredes del escenario sobre las que se va a desarrollar la trama, pues es en las almas de los espadachines de Dumas donde se reencarnan al menos cuatro de los personajes fundamentales de la novela, tantos como en la obra del escritor francés: la propia Margo como nuestra D'Artagnan y las tres compañeras con quienes comparte habitación, cocina, susurros y francachelas dentro de una realidad cubana que bien les da un postre de arroz con leche bien las obliga a nadar desde el amanecer contramarea.

Ya en el comienzo se advierte un conflicto sexual latente, que parte desde el mismo momento en que la protagonista pierde la virginidad en la cocina de su casa ayudada por el mango de un almirez. Conflicto que se irá desarrollando y balanceándose como un péndulo dentro de un reloj, adquiriendo desde las maneras del vodevil o el burlesque hasta la desesperación más shakespeariana en domésticos melodramas.

Como anuncia su título, un buen pedazo de la historia se sustenta en un triángulo sin duda pintoresco: dos varones y una mujer, lógicamente nuestra protagonista. Dos hombres que además son pareja homosexual y que por albur tienen un recién nacido bautizado como Amadeus Mozart. De nuevo nuestra Margo encuentra tres mosqueteros, si apuntamos al pequeño Mozart, que darán lugar a todas las aventuras y desventuras posibles que puedan desarrollarse dentro de dos habitaciones aledañas. Aunque hay escenas de sexo explícito están narradas con elegancia y nunca sucede una palabra malsonante, un adjetivo grosero, un verbo vulgar. Desde luego la técnica vehicular para desplegar la historia se basa en el diálogo, ensamblado en capítulos cortos que mezclan los dos escenarios principales como las cartas de una baraja y casi en representaciones teatrales que se suceden. Chely Lima lo utiliza de manera natural, no faltan los cubanismos, tampoco algunos anglicanismos, seguramente propios de la sociedad que se muestra en la historia; con una fluidez que hace que la lectura se transforme en algo líquido. Una vez leída la novela todavía queda el eco de las voces de sus personajes, de la melancólica realidad de malecón y de la realidad de tierra dentro, por carreteras que recorre Margo en su vieja furgoneta, con tal manejo y desparpajo que parece que vayamos a su lado, oyendo a las pasajeras charlatanas o recogiendo a Paulibus un atardecer lluvioso.







Rafael R. Costa es un escritor y poeta nacido en Huelva capital. Dos de sus libros han merecido el Premio Ciudad de Irún de Novela y el Premio Onuba de Novela, y una de sus novelas más leídas -El Cráneo de Balboa- fue finalista en la cuarta edición del Premio Irreverentes.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Poesía





László Mednyánszky




Yo soy un hombre invisible.

Cuando me miras ves solamente
lo que estás pensando que
deberías ver. Mi cuerpo me oculta
con cuidado, como un laberinto;
semejante a una dulce boa que guardara
entre sus pliegues a alguien que
no se decide a gritar. Soy invisible.

Te escucho hablarle a mi cuerpo.
Desde adentro –que es como decir desde afuera–
percibo que mis pechos y mi sexo me esconden,
mis curvas camuflan las rectas donde yazgo.

Invisible, sonrío con rabia, con tristeza,
con sorna, con los labios sangrando.
Invisible. Tú declaras tu amor por alguien que
no existe. Y un hombre invisible se echa a reír.


Poesía





Ivor Sexton





Pero no esperar nada te llena de poder.
Las manos abiertas repletas de ausencia.
La boca cerrada cobija la carencia de palabras
y el perfecto olvido de los signos que conforman tu nombre.
Tú no viniste;
yo acabo de construir un puente hacia la ribera de la niebla.
Tengo un búho plantado en la cabeza.  Tampoco fui.
Pero no esperar nada te llena de poder,
te vuelve tan ligero, te despoja de cáscaras,
te convierte en lo que miras.
Invisible, camino por la estúpida ciudad.
Me confunden con un poste, con un cartel,
con un árbol retorcido.  Me confunden con un ser humano.
Dejo de ser una criatura expectante. Dejo de.  Dejo.
Pero no esperar nada te llena de poder.

Poesía




Kaspian Shore




Equívoco, incierto, turbio, anfibológico.

Serás desatendido, eso está claro. Serás confundido
con tu cuerpo, tu voz amaestrada para sonar dulce,
inofensiva. Pero tú eres tú eres tú eres tú:
El hombre solitario que vive entre dos mundos,
aquel que se mira en el espejo y solo ve su paradoja.
Los conocidos no escuchan cuando pronuncias 
tu verdadero nombre.
Los enemigos habrán de escupir a tus espaldas.
Nadie ama al que está adentro, constreñido.
Dual es una mala palabra. Ambiguo se dice del diablo.
Pero tú eres tú eres tú eres tú.  Ahí plantado.
Eres la línea prodigiosa donde se mezclan las aguas.
Eres la mutación esquiva, el próximo peldaño.
Estás hecho del material de los primeros dioses.
Equívoco, incierto, turbio, anfibológico.
Ahí plantado. 



martes, 18 de noviembre de 2014

Triángulos mágicos: Una reseña de Antonio Orlando Rodríguez






Triángulos mágicos es una novela de iniciación, con personajes y situaciones inspirados en el clásico de aventuras Los tres mosqueteros, y no deja de ser, de cierto modo, una estupenda "novela juvenil" por su sentido del humor, por su irreverencia, por su voluntad de burlarse de los estereotipos sexuales, por su capacidad de hacernos devorar los renglones de una página para poder darle vuelta y enterarnos de lo que pasará en su revés, por su atrevido happy end.

La historia habla de una joven terca y andrógina que se enamora de un gay y empieza a vivir un apasionado romance con este y su apuesto amante. Para complicar las cosas, ese "triángulo mágico" tiene, por extraño que parezca, un cuarto vértice... (pero descubrir cuál es ese vértice es tarea del lector).

Triángulos mágicos me recuerda The Catcher in the Rye, porque ambas novelas se pueden leer en cualquier etapa de la vida, pero nunca se disfrutarán tanto como cuando se tienen 16 o 17 años. Aunque hace mucho tiempo dejé atrás esa edad, a cada rato tomo en mis manos el libro y lo abro al azar, para releer algún pasaje, con la certeza de que seré recompensado con una sonrisa o en el mejor de los casos con una sonora carcajada, pues algunos pasajes y diálogos son francamente cómicos ("Más de tres podría ser un desastre, aunque quién sabe... Menos, sería insuficiente").

Esta es una obra tierna y, al mismo tiempo, sarcástica, con ideas interesantes sobre la condición femenina y los "límites" de las identidades sexuales, con personajes que poseen el don de la perdurabilidad. Una novela deliciosa, escrita con un estilo transparente y casi involuntariamente perfecto.






Antonio Orlando Rodríguez (Premio Alfaguara 2008), es un escritor, periodista, crítico e investigador literario norteamericano de origen cubano.


martes, 7 de octubre de 2014

Poesía




Ilustración de Jose Antonio Ruiz-Roso Parralejo


 
Dos pasos y mirar al costado fingiendo que no siento
el aliento del enemigo pegado a mi nuca.
Tres pasos y la frontera entre los mundos me recibe
con una salpicadura de fuego.  No hay que dormir,
no hay que abrir los ojos del todo.  Lento, lento,
mueves una mano con gracia como quien va a danzar.
El cuerpo listo; listo el grito que ha de espantar los cuervos.
Arriba de ti el cielo es una herida,
y el agua que te toca los pies 
con la punta de la lengua espumosa
es de color azufre. El enemigo tiene hambre como yo
y apetece los mismos vientres blanquísimos,
las menudas vergas de yeso y madreperla,
como joyas tiernas erguidas, húmedas en el atardecer;
quiere las mismas bocas temblorosas, las mismas
cinturas cimbreantes.  Al enemigo
lo cristianaron con mi nombre:
No puedo deshacerme de sus pesadillas ni de su anhelo,
no puedo matarlo.     Cuatro pasos para la totalidad.

¿Sabe alguien la cifra secreta que apacigua a la Sombra? 




jueves, 2 de octubre de 2014

Poesía




Francis Bacon





Juego de espejos

El miedo por el otro, tu reflejo. Ese miedo que dice:
Lo maltratan, lo ignoran, le duele.
El miedo de que quiebren tu reflejo.
La ausencia de miedo y el vacío dentro de ti.
Tu propia ausencia. Tú que son ambos:
Una parte y otra parte.
El gesto que viene de tu mano izquierda
protegiendo la derecha. Temo por ti,
temo por ti. Es más que yo, es mi reflejo.
Por favor, cuídate. Por favor,
no te expongas al mundo (tú te expones
mientras tanto).
Y tu reflejo que sabe,
igual que tú, que una vida sin ser tú mismo es apenas
una larguísima, absurda, insana muerte.


Poesía




Nebojsa Zdravkovic






Esta es el agua en la que nado, bebe.
Para ti es un zumo especial, uno prohibido.
Un vino que puede quemarte el gaznate.
Una droga potente. Un líquido infernal.
Mi saliva. Mi leche. Mis lágrimas que nunca
derramo. Mi sudor. Esa agua impalpable
que se escarcha junto a mis flancos.
El agua que chasquea en lo que digo.

Cierra los ojos, abre las piernas. Bebe.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Poesía




             Foto: Chely Lima, Costas del Pacífico, CA.





En el camino

Bajar para volver a subir.
Ya no soy yo:
Soy eso antiguo, inidentificable;
lo que aguarda sin mirar,
de espaldas, rodeado
por el oscilante cendal del viento oscuro.
Al norte mi cabeza, al norte afilado.
Al sur la espina que una vez
me desgarrara, ahora hecha hueso no más
y posesión y soporte.
Mi lengua en el oeste umbrío,
mi mano izquierda abierta para palpar
la absurda liquidez de la luz del este,
y entonces…
Y entonces bajar en silencio
para volver a subir. Para ahondar.
Y entonces.

Todo se abre y palpita y centellea.


lunes, 14 de julio de 2014

Poesía




            Toulouse Lautrec




Mi corazón es un gato y yo le doy de comer
todas mis presas, lo acaricio con la punta de los dedos,
le susurro su nombre secreto, lo dejo vivir en paz
las muchas supervivencias que le restan,
y él ronronea amablemente, echado en el regazo
de mi último amante, a la espera del sol
y las sardinas del viento de otoño.

Mi corazón es un gato que esconde las garras
mientras me lame la boca con su lengua de seda
y papel de lija, olorosa a magnolias estrujadas.
Por las madrugadas yo finjo que no escucho su maullido
de animal en celo perenne, y él se restriega una y otra vez
contra una efigie de Bast, pidiendo leche.

En otra vida
fui una bruja que maldijo a su inquisidor,
y ahora mi corazón es un gato negro.


Poesía




                          Edward Burne-Jones





Elogio de tu gemido


Semejante a lo que convocan
los tambores batá cuando anuncian la entrada
de un orisha en el ruedo sagrado;
algo así debió ser el plañido de la flauta
del Dios Pan o el soplo letal de la séptima trompeta
del Apocalipsis.  Lo único cierto es que en esta danza tribal
en la que muevo mis caderas con violencia y tú gimes,
y vuelves a gemir si me detengo,
la música que mana de tu boca mojada
con agua de mi boca me lleva al punto
de donde no hay regreso y en donde no hay cordura.
Bendita sea la madre que te dio esa voz, baby-boy,
y tu lengua que canta, que consagra, que impone
un ritmo a nuestros cuerpos, un sonido incendiario

a esta pasajera pérdida de identidad y de memoria.



viernes, 11 de julio de 2014

Memorias del Tiempo Circular, Cuatro Novelas Breves






´Memorias del tiempo circular´, de Chely Lima: "algo así como la patadita de un ángel" (Primera Parte), en El Jardín de Academos, Cuaderno de Crítica y Poesía, de Yoandy Cabrera.




                                                   Foto: Leonor Álvarez-Maza




Poesía




Todd Yeager






En este sueño él ha limpiado el caos,
puso en su lugar todas las cosas menudas
que esparcí sin querer, ha llenado mi despensa;
colocó pequeñas porciones de destino listas
a ser consumidas limpiamente. Ha preparado
la mudanza que ya llega como una ola de orilla,
de esas que te tocan con dedos tímidos,
dedos de niño ambiguo y asustado.

Soy un hombre en el cuerpo de una mujer,
un hombre triste y un poco impaciente
que ahora recibe un sueño que es la ofrenda
de su amante muerto, y se detiene
en el centro del dormitorio silencioso,
sin saber qué palabras dirigirle, cómo agradecer
el gesto de alguien tan cercano y tan distante.

Una antigua calma se descuelga sobre mis hombros
semejante al plumaje de un pájaro, igual
que un trino de la criatura alada
antes de volver a extraviarse en lo umbrío.



domingo, 15 de junio de 2014

Poesía




Valentin Simeonov Bakardjiev





Me estoy balanceando en el borde más filoso.
¿Prometes que vendrás a mirarme?

¿Podré probar el agua dulce, el agua de resurrección,
el agua-sangre del grial de tu boca?

Puedo sostenerme de un hilo que salga de tus ojos.
Puedo alimentarme de tu voz diciendo mi nombre.
Puedo sobrevivir a cualquier catástrofe solo con tocarte.

Mi amado-amada, mi silenciosa contemplante,
mi única posesión invaluable justo porque no te tengo.

Me estoy balanceando al borde entre relámpagos.
¿Vendrás a mirar como estreno las alas?




Poesía




Martin-Jan van Santen





Yo esperaba algo más simple, más común,
como una catástrofe planetaria o la visión
del Big Bang en sueños, como verse nacer
o redefinirse, o ser asesinado a besos.
Algo más soportable, más discernible,
más el ciervo vulnerado por el otero asoma,
más implosión y morderse los labios,
más caer de rodillas aullando un nombre…

Entonces
apareciste
tú,
y yo
no pude pronunciar ni una palabra.



Poesía




Jakub Kujawa






Deja una señal en los muros, que yo entenderé.
Tropieza conmigo en un pasillo. Extiende la mano
y golpéame en la espalda. Pregúntame algo absurdo.
Pídeme que te salve.  Susurra unas estrofas
de esa canción cuyo nombre desconozco.
Envíame una pajarita de papel.
Patea un charco de lluvia cuando yo pase.
Llámame por otro alias.  Trata de detenerme.
Que yo entenderé.



martes, 6 de mayo de 2014

Triángulos Mágicos, novela (sobre el autor)




                      Amanda Román





Sobre TRIÁNGULOS MÁGICOS


Armé la primera mitad de Triángulos mágicos en la isla, poco antes de hacer mis maletas para irme de allí definitivamente, y la terminé en la ciudad de Quito, adonde iba a pasar la siguiente década.  Acababa de cerrar la segunda parte de Brujas, un libro llamado Confesiones nocturnas (Planeta Mexicana, 1992) que no conoce mucha gente, y había decidido que lo mío era la novela.

Escribir Triángulos… no solo fue divertido, sino que además funcionó para mí como un exorcismo: Conocí de muy cerca personajes de carne y hueso parecidos a Margo, sus amantes y sus amigas, y en medio de la debacle nacional que se nos echó encima a principio de los noventa, comencé a entrever que algo cambiaba una vez más en Cuba como de costumbre, “para peor” y que lo que dentro de mi generación se vivió como una de las pocas alegrías clandestinas que tuvimos esa forma alegre y desinhibida de asumir el sexo, al más puro estilo de “haz el amor y no la guerra” se desintegraba para dar paso a los tristísimos aires de la prostitución, que hizo presa en tantos jóvenes cubanos.

Cuando Planeta publicó la novela hubo numerosos lectores en especial, lectoras que me escribieron, entusiasmados, identificándose con los protagonistas, lo cual fue un consuelo, porque mi nuevo país, Ecuador, no era lo que se dice un lugar muy adecuado para revivir las andanzas de Margo y sus dos chicos...  Aquella primera edición fue la postrera, y hasta el día de hoy recibo notitas de gente que me pregunta dónde encontrar el libro, o me piden una segunda parte.

Margo que me recuerda tanto a mí misma en cierta época sigue siendo uno de mis personajes favoritos.

"Triángulos mágicos", una novela de Chely Lima, 

                                       
Foto: Leonor Álvarez-Maza


Poesía




  Iván Generalic  (Ciervos en el bosque)




No, yo no extraño California, 
tan solo paisajes interiores:

Venados pastando en las terrazas 
de madera del mar.

Largos territorios enmarañados y verdes.

Secoyas de niebla, húmedos templos 
donde se encabritan los helechos;
isletas labradas por el agua y las inevitables gaviotas.

Chicos que se exponen al sol de la costa 
para besarse las vergas erectas
con lenguas erectas y aliento a marihuana. 

Sólo paisajes:
Azogue vertido en la bahía sobre una lámina de plata.
Horizonte fileteado de gris, y nubes grises,
y grises rascacielos al final de los puentes.

Barrios donde el silencio se derrama 
como un delicado licor de estío.

Tú mismo -yo- sentado en la acera 
de cualquier esquina,
con el jean sucio de arena, 
en la radio una emisora de rock, que parpadea,
y ese anillo de tinta dibujado 
en torno al dedo gordo de tu pie descalzo.




viernes, 18 de abril de 2014

Dos entrevistas




Foto: Leonor Álvarez-Maza



Una entrevista de Teresa Dovalpage a Chely Lima, en El Diario de Cuba. 



Una entrevista de Carmen Karin a Chely Lima, en La Peregrina Magazine



lunes, 14 de abril de 2014

Poesía




Benjamín García






Reconocimiento

Estoy desenterrando mi rostro,
que es todos los rostros de mi tribu.
Trabajosamente los extraigo de la oscuridad,
los cuelgo de las estacas de afrenta que plantaron
sobre cada una de sus tumbas, mi tumba.

En el ojo derecho desamparo, una risa estridente
bajo el párpado izquierdo, un tic, la boca torcida,
pintada a veces, un poco rota, des-besada.
Sellos de infamia en las mejillas, triángulos imposibles,
vestiduras rasgadas. La lengua árida.

Un dogal de negación: Serás, serás, serás
como tienes que ser. Serás como no puedes ser,
como te obligan a ser a punta de miedo.

Mi tribu fantasma escondida en ropas ajenas.
Mi propia tribu esparcida por el mundo. Multicolor.
Con las alas fracturadas. Nocturnos sin remedio.
Enloquecidos. Vendiendo el último peldaño
de la escala de Jacob. Caras crispadas.
Antifaces de nunca-jamás. Mi rostro.
La faz vulnerada de lo que somos.
La masticada gloria de lo que somos.

Estoy reconstruyendo con un puño apretado
en el bolsillo. Reconstruyendo mi tribu,
mi rostro por primera vez sin máscara.


domingo, 13 de abril de 2014

Poesía





Rubenimichi





Lo que les dijo el licántropo

Voy a toda velocidad porque llevo
un cuerpo en el maletero del auto.
Y puse música en la radio tratando
de cubrir los gritos. Los gritos.

Empero nadie podría detenerme,
Nadie.  Nadie me va a demandar.
 Y es que el cuerpo que llevo
maniatado, embozado, cubierto
de kama salila, fosforescente
escama de esturión en la medianoche,
ese cuerpo es el mío.

Es el mío, señor agente, mírelo
retorcerse, mírelo no más:
Es la negación
de la negación, y si cree usted
que esa doble vuelta de tuerca
sirve para afirmar, se equivoca.

Un cuerpo que se mira en el espejo ajeno
no es un cuerpo confiable.
Un cuerpo que se mira en el espejo
de los que se miraron en otro espejo ajeno, 
un espejo enemigo -y con eso ya son dos
espejos y dos los enemigos…

Un cuerpo que es una mutación, que pertenece
a una subespecie ignota. Un cuerpo
como una bestia salvaje, que muerde
si lo acaricia la mano errada.

Un cuerpo sin domesticar.

Madre, tu hija es un lobo, óyela ladrar
a la piel de cordero que le designaste.

Padre, tu hijo es un lobo, óyelo ulular
mirando la luna llena en el sexo de otro hombre.

Hermanas, dieron cobijo a la persona equivocada.
Hermanos, me han dejado acechar tras la tapia,
sin saber que mis pupilas calcinan la cómoda sombra,
que mi lengua gotea veneno. Que mis garras
están ávidas de sangre siempre, siempre.

Que un licántropo se quiere alimentar
solo del cuerpo de los dioses,
y tiene a cambio que saciarse en las túrbidas linfas
de los que acostumbran a pacer en manadas.

Atrás, cazadores de colmillos embotados.
Atrás, pastores trémulos y perros ovejeros.
No hay una sola bala de plata en vuestras escopetas
mercadas con el sudor de las frentes.

Y ténganle mucho miedo al plenilunio,
que un día
las plazas, las playas, los santuarios,
las autopistas de vértigo,
las estúpidas oficinas,
las discotecas de plástico
de esta inmunda ciudad
se llenarán de aullidos.