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viernes, 25 de octubre de 2013

Poesía




   Jia Lu







 Ella

De los roces leves que conozco,
pétalo ensalivado,
pelusa vegetal,
plumón de pájaro cautivo,
cascarita de nube,
el mejor es el de tus pechos
cuando tapian mi boca, hermana.

El calor más perfumado está en tu nuca
y en la concha de Yemayá
que se impregna de vino de misa entre tus muslos
para llamarme con una perla titilando,
para tragarme, bruja.

Eres todo lo que temo y lo que callo,
la imagen entrevista entre las ramas,
la silueta blanquísima que oscila como humo
en el fondo de ese bosque
donde puedo morir.
La voz que llamaba a mis espaldas.
El golpetazo de lo que quise ser.
El asfalto quemando mis rodillas.

Cuántas veces tratarás de herirme
para curarme luego con la lengua
que ya no me pertenece.
Cuántas veces vas a reírte
de mis mañas de conquistador barato
y a caminar delante de mí por deslumbrarme
con tus ancas de yegua-diosa.

Cuántas veces más voy a nacer de ti.
Cuántas veces más vas a negarme.
Cuántas veces más vas a decirme hombre
                        —el hombre que no soy—
desalmado, infiel, amador de otros hombres…



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