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martes, 29 de octubre de 2013

Poesía





                        Claudio Bravo






Yo soy todo cuanto existe.

Soy el que soy y no soy nada al mismo tiempo.

Soy un soplo, soy un silbido agudo 
entre los labios de Dios.
Soy Su aliento que traspasa las membranas del cosmos.
Soy todos los que me antecedieron 
y ninguno de los que vendrán.
Yo soy Aquello que hereda.
Todo cuanto fueron, todo cuanto no será.

Y estoy diciendo una oración 
antes de entrar en el combate.

Por ti, por mí, por nuestro reencuentro.
Por nuestro reencuentro, pez que se repite, 
hijo de la luna,
carne de sol, sangre mía, cordero que fue sacrificado.

Yo nombro sin nombrarlos a mis antepasados.
Uno a uno, que me asistan: Abuelos sin rostro.
Abuelas cuyos vientres fértiles se confunden 
con el vientre de la tierra.
Padres míos. Madres mías.

Abuelos: reconstruyan sus huesos
y levántense por mí sosteniendo 
el fuego del lagarto.
Abuelas: acudan con sus cuencos 
de agua sagrada para rociar el polvo.

Yo pido ayuda al ángel que me guarda.
Por la cruz de elementos. 
Por la cruz pintada sobre mi corazón
y por la que tengo grabada en el rostro,
yo clamo por ti, Mumiah, desde el fondo del pozo,
a que vengas a ayudarme con tu lanza.

Mírame entrar a la batalla, León, hermano mío, 
con el cuerpo desnudo y sin defensa.

Recién abierto, deslumbrado por un sol 
que aún no existe,
mi tercer ojo parpadea en mitad de la frente.



               

Poesía




             Hina Aoyama






                                        Mi infancia huele a pan recién horneado,
                                        a sahumerios de alumbre y a picuala.
                                        Ícaro fui: cargué sobre las alas
                                        Un gallo muerto y un beso asesinado…

                                                             Alberto Serret, Ícaro


Una mariposa posada en un espejo 
no sabe que es una doble mariposa.

Sus patas se asientan sobre las patas 
de la mariposa que está del otro lado. 
Pero no puede ver que el movimiento 
levísimo de sus alas se repite más allá del cristal.

Una mariposa que se multiplica
sobre la superficie de agua congelada del espejo 
es ella misma y es la otra. Es dos en una.

Pegados. Mariposas siamesas. Una costura invisible 
nos une en la línea del espejo, el nítido horizonte 
que divide un lado y otro.

Somos el mismo tú y yo. Mariposas plantadas 
sobre el espejo. Mariposas en vuelo 
a través del espejo del aire. 
Mariposas con algo más que cera 
afirmando sus alas al cuerpo menudo y movedizo.

Ya no más Ícaro: mariposas.


Poesía



             
             Zdravko Ducmelic




La canción del independiente

Me fui, y en casa me dieron por muerto.

Cierto que iba a una guerra 
y mi gente me creía un soldado inhábil.

Cierto que afuera el cielo murmuraba unos cánticos
más bien desapacibles.

Me fui, y cuando ellos recogieron su camada, 
yo no estaba,
ya no estuve más.

Pero, remontándome atrás, 
resulta que no estuve nunca:
Nunca nací, nunca hube de beber 
del pecho de mi madre.
Nunca me contentaba con paisajes familiares.
Era frágil, testarudo y silencioso.  
Me mordía las uñas.
No hubo manera de que yo perteneciera a alguien.

A veces sueño que regreso
y la ventana de casa está encendida, esperando por mí.

A saber quién sería si me hubieran prohijado,
si me hubieran dado puerto.
Alguien muy aburrido, probablemente.

Los desembarcaderos están llenos de gente genial, 
     ya se sabe.


Poesía




Paul Klee  (Globo rojo)





Tres poemas infantiles


Por qué nadie invita 
a merendar 
a las cucarachas


Ya no quiero invitar a merendar

a ninguna cucaracha.

          Les brindas queso en un platito

y se comen el platito con el queso.

          Les brindas helado en una copa

y se comen la copa con helado.

          Les pones en la mesa un mantel

de los tiempos de la abuela,

y se comen el mantel con todo y mesa.


Ya no quiero invitar a merendar

a ninguna cucaracha.


               Llenan de huecos la cortina,

         se mastican medio delantal,

    hincan los dientes en las servilletas...

¡y encima te preguntan si hay algo de tomar!


Tan modosas que parecen, tan calladas.

Tan vestidas de domingo,

con el carapacho marrón brillante y bien planchado.


Pero son unas glotonas,

          unas desconsideradas,

unas rete-confianzudas.

          
          Es preferible invitar al elefante.







Te voy a dar un beso


Te voy a dar un beso

despatarrado.


Un beso con dientes de conejo.

Un beso con talco de maicena.

Un beso que se mueva en espiral.


Te voy a dar un beso

anaranjado.


Un beso con patas de perdiz.

Un beso con sabor a caramelo.

Un beso que no sepa estornudar.


Te voy a dar un beso

morrocotudo.


Un beso con olor a yerbabuena

Un beso con pescuezo de avestruz.


Un beso enamorado

que no se canse nunca de besar.




 El tango del murciélago


Yo no soy pájaro ni soy ratón.


Los pájaros no me quieren en su barrio,

y los ratones dicen que es muy tonto

dormir colgado

cabeza abajo.

Tengo cara de vampiro acatarrado

y una capa de peluche para volar

por los tejados.

Yo no soy pájaro ni quiero serlo.

No soy ratón ni me interesa.

Ser murcielago es una vocación

y mi legítima

naturaleza.

Yo no soy pájaro ni soy ratón,

y pienso que es muy sano

dormir colgado

cabeza abajo.




domingo, 27 de octubre de 2013

Poesía




Pekka Halonen (Violinista)




La pregunta de Isis

Y ahora, cada vez que te enfrentes a alguien —a cualquiera—

¿te acordarás de su aturdido corazón, de sus preguntas
que nadie va a contestar, sus recuerdos torcidos,
de todo lo que esconde la sonrisa o el ceño,
su vapuleado ser, lo que no quiso, lo que quiso y no fue,
su desamparo mayúsculo en soledad frente al espejo,
su maldad de niño que le quiebra la cola a un lagarto,
su infinita belleza en el momento en que te agachas
a tomarle una mano porque tiene miedo, porque
le duele de veras y no hay ni una miserable oración
para confortarlo y decirle que bueno, que se hizo
lo que se pudo, que no éramos más que humanos
imperfectos, abrumados, atrapados en una geometría rígida,

tratando de sobreponernos y de sobrevivir?


viernes, 25 de octubre de 2013

Poesía




                 Lin Jifu





Conversación de la tregua

No vale de nada que te niegue tres veces,
si vas a estar ahí, mirándome con esos ojos
de animal herido que espera
a que lo rematen.

Todo está en calma ahora,
esa calma gris que anuncia ciertos finales,
los quiebres del puente que quedó a mis espaldas,
los puntos ciegos del no retorno.

Déjame ser cruel una vez más, pero no llores.
Déjame gritarte y maldecirte.  Déjame hablar mal de ti.
Porque es la forma que tengo de salvarme.

Pero tú no cedas, no te tiendas mansamente
a la espera del golpe. No transijas.
No te rindas cabizbajo.
No trates de matarme con aceptación.
No me perdones.


No trates de ganarme en esta guerra.



Poesía




Richard Hamilton  (Sunset)





Borrachera triste

¿Y quién se hará cargo de los besos
de todos mis amados cuando se extinga
el último cirio de la grande fiesta, la gozosa?

¿Dónde quedarán sus besos arrumbados,
y sus ojos, prendidos sin remedio
de lo que fue,
sus manos convertidas
en pequeños manojos
de tréboles amargos?

Mis amados, mis donceles desnudos,
mis potros locos del deseo.

¿Quién va a cerrar sus ojos
y a sellar los labios
que fueron besados por mí
con la moneda de bronce
que se le da al barquero?




Poesía




   Jia Lu







 Ella

De los roces leves que conozco,
pétalo ensalivado,
pelusa vegetal,
plumón de pájaro cautivo,
cascarita de nube,
el mejor es el de tus pechos
cuando tapian mi boca, hermana.

El calor más perfumado está en tu nuca
y en la concha de Yemayá
que se impregna de vino de misa entre tus muslos
para llamarme con una perla titilando,
para tragarme, bruja.

Eres todo lo que temo y lo que callo,
la imagen entrevista entre las ramas,
la silueta blanquísima que oscila como humo
en el fondo de ese bosque
donde puedo morir.
La voz que llamaba a mis espaldas.
El golpetazo de lo que quise ser.
El asfalto quemando mis rodillas.

Cuántas veces tratarás de herirme
para curarme luego con la lengua
que ya no me pertenece.
Cuántas veces vas a reírte
de mis mañas de conquistador barato
y a caminar delante de mí por deslumbrarme
con tus ancas de yegua-diosa.

Cuántas veces más voy a nacer de ti.
Cuántas veces más vas a negarme.
Cuántas veces más vas a decirme hombre
                        —el hombre que no soy—
desalmado, infiel, amador de otros hombres…



martes, 15 de octubre de 2013

Poesía




               Lin Jinfu






Bifronte

Estoy dividido-dividida como una tierra fronteriza.

Lengua de miel, dientes que se clavan en la doble garganta.
Cierro los ojos para tocarte los pechos, 
y mis manos ahora suben
por colinas que se erizan rumbo al cielo, 
ahora descienden,
se aplanan encima del mundo de blanca asfixia 
que es tu vientre.

Soy dos mitades que jadean como si respiraran azufre.
Me divido, multiplico mis estancias 
y acabo siempre en el medio.

Qué soy que no soy más que 
una fina culebra de ceniza
que se enrosca en tu cintura 
mientras mi lengua (bífida)
traza un sendero serpentino 
en la nuca de otro.

Mis ojos arden en el espejo. 
Mi cara se afila y palidece.


Hambrienta criatura inapetente. Mitad por ti 
y mitad por él.




Poesía




Ilustración  (Elfos blanco y negro)





                                                   La noche de los sueños eternos
                                                                   y las risas eternas,
                                         la noche claroscuro sofisma universal,
                                                                   la noche noche...

                                                                         Alberto Serret
                                                                 Nocturno con Chagall



Son elfos que se adentran en la noche del bosque
y comparten bajito esa tonada que no me sé.

Elfos adolescentes se enlazan
bajo las hojas de helecho,
junto a los árboles más altos.

Yo los he visto, les he escuchado,
seguí sus huellas inscritas en la niebla.
Grandes ojos rasgados.  Bocas con perenne sed.
Las orejas puntiagudas.
Sus risas que trazan trazos de lumbre en el aire.
Sus manos hábiles acariciando, acariciando.

Yo solo quiero cantar como ellos, madre.



Poesía



               
                        Lin Jinfu






Oraciones de la media noche
(Fragmento)

Diosa, no me permitas ir contra mí.
Si soy mi único aliado, si soy quien único espera
para darme la bienvenida, no permitas que me traicione,
no permitas que levante falso testimonio contra mi fuego
en la oscuridad, no permitas que me desprecie 
por ser diferente,
por ser aquello que ni un bando ni el otro habrá de aceptar.
No permitas que el espejo me devuelva la fría mirada
que se destina a los perdedores, 
a esos que queremos desconocer
para no vernos involucrados. Diosa, 
dame el poder de la absolución
cuando me confiese mis miedos, mis miserias. No permitas
que me ponga la máscara del enemigo 
sobre un rostro de piedra.
No permitas.



domingo, 6 de octubre de 2013

Poesía




                Franz Marc




Magia

Tendidas, con la respiración entrecortada
y las manos delante del rostro, anhelantes,
en habitaciones que desconozco,
esas mujeres ensueñan, se estremecen.

Puedo oír sus voces oscuras
hablando en un idioma dulce, ajeno.
Lloran, musitan hilachas de música,
engarfian los dedos pálidos en el hilo
que me une a todas ellas…

Tendido, con la respiración entrecortada
y las manos delante de mi rostro, anhelante,
en una habitación que no me pertenece,
yo ensueño, pendiente de sus voces oscuras.

Aprieto los párpados para verlas, 
                                      para poderme asir
de algún modo a ese hilo que nos une;
una pita blanca, llameante, que se afila contra
el aire azul prusia de octubre. Siento sus dedos
que se engarfian en mis hombros, me sostienen.

Me sostienen. Me calman.
Me traspasan su sangre translúcida.

Me salvan.