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domingo, 22 de septiembre de 2013

Poesía




       Evelyn De Morgan  (Eósforo y Héspero)





Dime qué guardaba 
aquella casa cerrada en Varadero,
qué cuerpos dejamos de tener entre nosotros,
qué pasiones mal habidas no acabamos de encender,
a qué juegos perversos no jugamos.

Yo me andaré descalza el último fuego de tu carne.
Buscaré tu sombra en las calles 
de un país que ya no existe.

Y volveré a Santiago,
a cualquier ciudad que se llame Santiago 
para buscarte.
En cualquier continente, dondequiera que me cites.

Porque mis ojos no saben de ti que estás dormido.
Porque no ha pasado tanto tiempo 
desde que eras un muchacho asustado, 
esperando por mí en la puerta de un hotel de paso.

Porque no te cedo a la Nada fácilmente.
Porque nada podría separarnos.
Porque somos idénticos 
en la desmesura y la inocencia.

Porque quiero tu nombre en mi epitafio.

Porque somos el mismo, el mismo.
Porque para bien y para mal nos dibujaron entremezclados.

Porque no me reconozco sin ti 
y no te reconozco sin mi necesidad de ti
y mi hambre de ti que no se sacia nunca.

Porque eres polvo y ceniza 
y esquirlas grises de hueso,
y todavía puedo cerrar los ojos 
y tocar tu carne intacta.

Porque me miras en un sueño 
y siento que caigo una vez más bajo tu hechizo.

Porque te encuentro dondequiera que miro.
Porque estoy batallando para merecerte.
Porque te necesito para reírme a carcajadas 
y para gritarnos palabras ofensivas.

Porque llevo tu cifra atada a mi brazo 
y tus colores en mi escudo de guerra.

Porque sigues siendo mi poeta favorito.

Porque mil años que pasen 
no podré olvidar la curva sedosa de tus cejas,
ni tus ojos de príncipe de Las Mil y Una Noches.

Porque quiero salvarte 
dondequiera que te encuentres.

Porque no concibo una casa 
en la que tú no oficies de dueña y señora.

Porque eres mi única patria y mi paisaje predilecto.

Porque el amor es más fuerte que la muerte.

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