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martes, 13 de agosto de 2013

Poesía




Nicoletta Tomas Caravia  (Ventanas del alma)





Poema quiteño

Te buscaba, Viracocha, Ochumare, Espuma del Mar,
en la ciudad inmóvil crecida en la sierra.
Te buscaba lejos del agua, 
allí donde los guijarros son grises,
a través del insoportable crepitar de las campanas.

Y Quito estaba muda,
a pesar del griterío de los mercados 
y los altoparlantes que anidan
en los rectángulos de vidrio de la zona residencial,
estaba como dormida.

La hermosísima ciudad reposaba entre volcanes
y nada era huaca en ella para mí,
que perseguía tu voz sagrada, Viracocha,
y me golpeaba la frente 
contra los indígenas prosternados
en una iglesia vacía.

Yo daba vueltas clamando por tu voz,
porque una ciudad que duerme es pavorosa:
El aire te hiere como un cuchillo de niebla
y el sol, mi padre, y la luna, mi madre,
no tienen rostros asequibles.

Yo no he venido del Caribe a ver 
los anuncios de televisión.
Yo no he viajado con mis dioses tomadores 
de ron y de aguardiente
a desfilar por las avenidas donde 
los hombres de corbata se apresuran
y las indias venden a los turistas 
falsos llamingos de metal.

Yo quería encontrar a Mama-Quilya 
en el rostro de Mariana de Jesús.
Yo quería presentir el paso diligente 
del ekeko amansando la sierra,
cargado con sus humildes dones.

Yo he venido a mezclarme con tu sangre,
a descubrirte en la gente cobriza.
A llenarme de ti, de tu voz dorada,
de tu solemne silencio que nada tiene que ver
con el silencio urbano mutilado.



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