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martes, 18 de noviembre de 2014

Triángulos mágicos: Una reseña de Antonio Orlando Rodríguez






Triángulos mágicos es una novela de iniciación, con personajes y situaciones inspirados en el clásico de aventuras Los tres mosqueteros, y no deja de ser, de cierto modo, una estupenda "novela juvenil" por su sentido del humor, por su irreverencia, por su voluntad de burlarse de los estereotipos sexuales, por su capacidad de hacernos devorar los renglones de una página para poder darle vuelta y enterarnos de lo que pasará en su revés, por su atrevido happy end.

La historia habla de una joven terca y andrógina que se enamora de un gay y empieza a vivir un apasionado romance con este y su apuesto amante. Para complicar las cosas, ese "triángulo mágico" tiene, por extraño que parezca, un cuarto vértice... (pero descubrir cuál es ese vértice es tarea del lector).

Triángulos mágicos me recuerda The Catcher in the Rye, porque ambas novelas se pueden leer en cualquier etapa de la vida, pero nunca se disfrutarán tanto como cuando se tienen 16 o 17 años. Aunque hace mucho tiempo dejé atrás esa edad, a cada rato tomo en mis manos el libro y lo abro al azar, para releer algún pasaje, con la certeza de que seré recompensado con una sonrisa o en el mejor de los casos con una sonora carcajada, pues algunos pasajes y diálogos son francamente cómicos ("Más de tres podría ser un desastre, aunque quién sabe... Menos, sería insuficiente").

Esta es una obra tierna y, al mismo tiempo, sarcástica, con ideas interesantes sobre la condición femenina y los "límites" de las identidades sexuales, con personajes que poseen el don de la perdurabilidad. Una novela deliciosa, escrita con un estilo transparente y casi involuntariamente perfecto.






Antonio Orlando Rodríguez (Premio Alfaguara 2008), es un escritor, periodista, crítico e investigador literario norteamericano de origen cubano.







domingo, 12 de octubre de 2014

Poesía



Ivor Sexton





Pero no esperar nada te llena de poder.
Las manos abiertas repletas de ausencia.
La boca cerrada cobija la carencia de palabras
y el perfecto olvido de los signos que conforman tu nombre.
Tú no viniste;
yo acabo de construir un puente hacia la ribera de la niebla.
Tengo un búho plantado en la cabeza.  Tampoco fui.
Pero no esperar nada te llena de poder,
te vuelve tan ligero, te despoja de cáscaras,
te convierte en lo que miras.
Invisible, camino por la estúpida ciudad.
Me confunden con un poste, con un cartel,
con un árbol retorcido.  Me confunden con un ser humano.
Dejo de ser una criatura expectante. Dejo de.  Dejo.
Pero no esperar nada te llena de poder.




martes, 7 de octubre de 2014

Poesía




Ilustración de Jose Antonio Ruiz-Roso Parralejo






  
Dos pasos y mirar al costado fingiendo que no siento
el aliento del enemigo pegado a mi nuca.
Tres pasos y la frontera entre los mundos me recibe
con una salpicadura de fuego.  No hay que dormir,
no hay que abrir los ojos del todo.  Lento, lento,
mueves una mano con gracia como quien va a danzar.
El cuerpo listo; listo el grito que ha de espantar los cuervos.
Arriba de ti el cielo es una herida,
y el agua que te toca los pies 
con la punta de la lengua espumosa
es de color azufre. El enemigo tiene hambre como yo
y apetece los mismos vientres blanquísimos,
las menudas vergas de yeso y madreperla,
como joyas tiernas erguidas, húmedas en el atardecer;
quiere las mismas bocas temblorosas, las mismas
cinturas cimbreantes.  Al enemigo
lo cristianaron con mi nombre:
No puedo deshacerme de sus pesadillas ni de su anhelo,
no puedo matarlo.     Cuatro pasos para la totalidad.

¿Sabe alguien la cifra secreta que apacigua a la Sombra? 




jueves, 2 de octubre de 2014

Poesía




Francis Bacon





Juego de espejos

El miedo por el otro, tu reflejo. Ese miedo que dice:
Lo maltratan, lo ignoran, le duele.
El miedo de que quiebren tu reflejo.
La ausencia de miedo y el vacío dentro de ti.
Tu propia ausencia. Tú que son ambos:
Una parte y otra parte.
El gesto que viene de tu mano izquierda
protegiendo la derecha. Temo por ti,
temo por ti. Es más que yo, es mi reflejo.
Por favor, cuídate. Por favor,
no te expongas al mundo (tú te expones
mientras tanto).
Y tu reflejo que sabe,
igual que tú, que una vida sin ser tú mismo es apenas
una larguísima, absurda, insana muerte.


Poesía




Nebojsa Zdravkovic






Esta es el agua en la que nado, bebe.
Para ti es un zumo especial, uno prohibido.
Un vino que puede quemarte el gaznate.
Una droga potente. Un líquido infernal.
Mi saliva. Mi leche. Mis lágrimas que nunca
derramo. Mi sudor. Esa agua impalpable
que se escarcha junto a mis flancos.
El agua que chasquea en lo que digo.

Cierra los ojos, abre las piernas. Bebe.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Poesía




             Foto: Chely Lima, Costas del Pacífico, CA.





En el camino

Bajar para volver a subir.
Ya no soy yo:
Soy eso antiguo, inidentificable;
lo que aguarda sin mirar,
de espaldas, rodeado
por el oscilante cendal del viento oscuro.
Al norte mi cabeza, al norte afilado.
Al sur la espina que una vez
me desgarrara, ahora hecha hueso no más
y posesión y soporte.
Mi lengua en el oeste umbrío,
mi mano izquierda abierta para palpar
la absurda liquidez de la luz del este,
y entonces…
Y entonces bajar en silencio
para volver a subir. Para ahondar.
Y entonces.

Todo se abre y palpita y centellea.


lunes, 14 de julio de 2014

Poesía




            Toulouse Lautrec




Mi corazón es un gato y yo le doy de comer
todas mis presas, lo acaricio con la punta de los dedos,
le susurro su nombre secreto, lo dejo vivir en paz
las muchas supervivencias que le restan,
y él ronronea amablemente, echado en el regazo
de mi último amante, a la espera del sol
y las sardinas del viento de otoño.

Mi corazón es un gato que esconde las garras
mientras me lame la boca con su lengua de seda
y papel de lija, olorosa a magnolias estrujadas.
Por las madrugadas yo finjo que no escucho su maullido
de animal en celo perenne, y él se restriega una y otra vez
contra una efigie de Bast, pidiendo leche.

En otra vida
fui una bruja que maldijo a su inquisidor,
y ahora mi corazón es un gato negro.