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sábado, 21 de mayo de 2016

Todo en él es gracia...



Kaspian Shore





Todo en él es gracia: La postura ligeramente ligeramente impostada para quedar plasmado, los ojos que miran a otra parte pero que en realidad miran su propia plenitud, el cabello que cae sobre el rostro de insolente -inocente- cachorro.   Sobre la cabeza inclinada pende la amenaza del tiempo.   Pasarán los días, veloces e implacables, y la gracia se irá desdibujando hasta perderse…   Quedará el muchacho pintado, indemne, haciendo par con el muchacho grabado en el interior de nuestros párpados, que durará tanto como dure el frágil marco que somos.


viernes, 20 de mayo de 2016

Un marinero es siempre una señal...



George Tooker




Un marinero es siempre una señal, oscura o portentosa.  Y un caracol no es otra cosa que la epifanía de la espiral en la que nos movemos desde mucho antes de nuestro nacimiento.


Un marinero portando un caracol es pues una doble señal… ¿de dicha?, ¿o la seña de un discurso demasiado abstracto para poder traducirlo en palabras? 

Yo solo sé que cada viaje, interior o exterior, trae consigo su propio marinero que mira desde el otro lado de las aguas con ojos acuciosos, mientras muestra en la diestra, brillando opacamente, el enigma de nácar que alguien extrajo alguna vez del mar.
    

jueves, 19 de mayo de 2016

En última instancia...



Michael Leonard




En última instancia, los cuerpos son frutos que deseamos lamer, libar, morder, desde nuestra avidez secreta: Esa hambre que no se sacia nunca del todo, esa necesidad de acariciar la pulida superficie frutal, olorosa a vida y verano, de imaginar el dulce zumo derramándose sobre la lengua, rota por fin la corteza que nos aislaba del centro poblado de semillas.




martes, 17 de mayo de 2016

Siempre me intrigó esta figura vestida de azul...

   
Muchacho con pipa, Picasso


Siempre me intrigó esta figura vestida de azul del período rosa de un pintor que no es precisamente uno de mis favoritos-, el muchacho coronado de rosas contra un fondo exótico, llevando una pipa en la mano.

Su mirada nos esculca sin contención. Se diría que pretende saber si somos lo suficientemente confiables para revelarnos un secreto. Es un chico muy joven, sin embargo, hay madurez y una cierta acre sabiduría en esa boca que se curva hacia abajo, y en los ojos repletos de sombra.

¿Ha conocido tales circunstancias a su tierna edad que ya no puede sino observarnos poniendo su desconfianza como un muro entre él y nosotros? ¿O es un alma antigua, cobijada en un cuerpo de adolescente, conocedora de las miliún bajas pasiones que azotan a los hombres?

La imagen superficial exuda serenidad: El niño ataviado con su desahogado traje azul, las rosas reposando sobre el cabello del que escapa un pequeño mechón imprevisto, la mano que sostiene la pipa en un gesto no carente de elegancia...

Y bajo la superficie, ¿qué hay?  ¿Qué oculta el toldo rojizo estampado de flores?




 

sábado, 14 de mayo de 2016

Así nos imagino...



Daniel Barkley




Así nos imagino: Tú y yo, montados en el mismo caballo de la infancia, exactamente como no estuvimos.  Así nos sueño.   Así me lo trato de explicar:  Queremos ir al mar que espejea de fondo, pero la bestia estática, de madera despintada, ese corcel que una vez fuera azul, no avanza, y tú entonces empiezas a mirar atrás, hacia la muerte.



domingo, 8 de mayo de 2016

¿Con quién hablamos cuando hablamos en las redes?


George Tooker




¿Con quién hablamos cuando hablamos en las redes sin dirigirnos a alguien en específico?

¿Monologamos acaso?   ¿Volvemos los ojos hacia el oyente ideal, ese Oyente que no tiene rostro y los junta todos en su fisonomía?

¿Quién nos escucha -es decir: nos lee- y consigue precibir lo que escribimos entre líneas, la voluntad, el aliento, la posible perdurabilidad de las palabras en la pantalla donde no hay perdurabilidad?

Escribir en las redes es lanzar una voz al vacío virtual.  Confiando.  Aguardando el eco.  Preguntándose quién está al otro lado a la escucha.  Tanteando en la oscuridad.


He aquí uno de mis cuadros favoritos...






He aquí uno de mis cuadros favoritos: es de Ottorino de Lucchi: La vasija que quiero suponer de plata -pero que puede muy bien ser de humilde estaño u hojalata- sosteniendo los frutos iluminados, ofreciéndolos a nuestra avidez, ardiendo blandamente en rojo como si cada uno guardara dentro un pequeño sol.

Detrás de la vasija, la oscuridad de la nada, igual que si se tratara de un sueño.   No tenemos ojos más que para esas frágiles ramas de lantern china y su reflejo en el metal selenita.

Es curioso: Sabemos que hay quien guarda secretos bajo los tiestos y los fruteros: monedas, señas, claves...   Pero en este caso lo que asoma por debajo de la vasija plateada y sus frutos, en el mueble que les da apoyo, es una cerradura.

¿Qué contiene la gaveta?, ¿acaso el resto del sol?

¿Alguno de ustedes tiene la llave?